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Supera la Depresión





Autor:José Javier Lombardo López

Publicado el 20 de febrero de 2016



La depresión se caracteriza por una tristeza profunda, fatiga, cansancio mental, alteración del sueño, ganas de llorar e incluso pensamientos recurrentes de muerte.

Hoy día es una de las afecciones más recurrentes en cuanto a patologías, como también lo es la ansiedad. Es un asunto que afecta a miles de personas, sobre todo en los países más desarrollados a nivel económico.

Podemos diferenciar una depresión, como leve alteración del estado de ánimo, o depresión patológica, ya sea leve, moderada o grave.

En este artículo, me voy a centrar en esa fase depresiva que podemos denominar leve. Esa es una fase normal en la vida del ser humano, y dependiendo como la afrontemos, pasaremos por ella de manera natural, o nos adentraremos en una dinámica un poco más difícil de resolver a largo plazo: ”El laberinto de los fármacos”.


¿Por qué se produce este estado depresivo?

Hay varias respuestas y todas ellas son válidas en parte.

Desde el punto de vista médico-psiquiátrico la depresión se produce por un desequilibrio a nivel bioquímico, que intentamos restablecer con fármacos que nos devolverán el equilibrio perdido (o al menos se supone).

Desde el punto de vista psicológico se producen una serie de factores y estímulos que desencadenan reacciones a nivel cognitivo y conductual como respuesta a estímulos exteriores (las circunstancias). Se intenta resolver con diversas técnicas, en función de la psicoterapia por la que optemos, encaminadas a interpretar de manera más adaptativa la situación desencadenante.

Desde un punto de vista humanista, la depresión se produce como fruto de fluctuaciones propias del ciclo vital. Se resuelve sola, dejando que el ciclo vital nos lleve a un estado de no depresión de manera natural.

Antes de continuar habría que definir si existe uno o varios factores desencadenantes claramente observables que nos lleven a entrar en una depresión algo más profunda.

Si no vemos factores desencadenantes claramente observables, si lo que nos pasa es que:

  • Nos sentimos mal y no sabemos por qué.
  • No estamos satisfechos con la vida que estamos viviendo.
  • Creemos que nos merecemos más de lo que tenemos.
  • Sentimos desgana, apatía y frustración.
  • Nuestra autoestima se encuentra por los suelos.


Posiblemente estemos reaccionando adecuadamente a la presión social, a lo que se espera que sintamos al no conseguir lo que marcan las directrices estándar del éxito, en el ámbito laboral, social o emocional.



Según la Terapia Racional Emotiva (TRE), de Richard Ellis, en su primera formulación, obedecemos fielmente a ciertas ideas irracionales, que provocan gran parte del malestar psicológico que sufrimos. Son las siguientes:

  • Necesidad extrema de ser amado y aceptado por cada individuo de su comunidad.
  • Para considerarse a sí mismo valioso hay que ser muy competente y suficiente en todos los aspectos posibles.
  • Es una catástrofe que la realidad no vaya por donde uno quiere que vaya.
  • Hay personas malvadas que deben ser culpabilizadas y castigadas duramente por la sociedad.
  • Si algo puede ser peligroso, uno debe sentir miedo y pensar continuamente que esa posibilidad puede ocurrir.
  • Hay una solución única y perfecta para los problemas de las relaciones humanas, si no se llega a ella, ocurre una catástrofe.
  • La desgracia humana se origina por causas externas y el ser humano tiene muy poca capacidad de influir en ella.
  • Es más fácil evitar que afrontar ciertas responsabilidades en la vida.
  • La historia pasada de uno es determinante en la conducta actual. Lo que a uno le ocurrió debe seguir afectándole toda la vida.
  • Hay que lograr la felicidad por inercia y sin hacer nada, si no es así ocurre lo peor.


En mi opinión, todas las ideas irracionales formuladas en esta teoría, están grabadas a fuego en nuestro cerebro. Esa grabación se produce poco a poco, pero con mucha intensidad, a través de la programación mental llevada a cabo por los que dominan nuestra sociedad, que como un rodillo, a base de machacar brutalmente ciertos valores, consiguen instaurar algunas de estas ideas irracionales en el mejor de los casos, o todas en el peor de ellos en nuestros cerebros.



Posteriormente, y utilizando nuestro pensamiento como vehículo, nosotros mismos nos convertimos en nuestros carceleros mentales, ya que el filtro por el que percibimos la realidad, se encuentra muy borroso debido a estas ideas. Juzgamos las situaciones y las personas con estas ideas irracionales como si fueran una ley suprema, y lo único que hacemos es generar más malestar. Transmitimos nuestro malestar a la realidad y esta nos devuelve aún más malestar.

Como comento en el artículo “La realidad es un espejo”, recibimos lo que emitimos. Si recibimos malestar, es porque previamente nosotros lo hemos emitido. El problema es que no nos damos cuenta de ello, precisamente por estas ideas irracionales, en las que el control de la realidad es externo. Nos negamos a nosotros mismo la capacidad de controlar nuestra realidad.

Cuando se produce un desencuentro entre dos personas, generalmente las dos culpan a la otra de haber desdencadenado ese desencuentro. “Como tú no has venido a mi cumple yo no voy al tuyo…”,”Como no me has regalado nada en Navidad, pues yo no te regalo a ti…”. Parecen frases dichas por niños, ¿verdad? Vamos a extrapolarlo a nuestra vida a ver si nos ha pasado alguna vez esto siendo adultos…Si lo pensamos con interés, seguro que muchas veces.

Puede que el niño no haya llegado al cumpleaños del amigo porque su madre llegó tarde del trabajo, y puede que no recibieras el regalo de Navidad porque quién te tenía que regalar está en una situación económica límite y por desgracia se avergüenza de estar pasando por esa situación…

No hay culpables, hay un proceso, un flujo en contínuo movimiento con acciones y consecuencias casi infinitas. Estas ideas intentan simplificar hasta el extremo ese flujo contínuo, a través del juicio de las situaciones, limitado por la ideas irracionales, y a través del pensamiento, que transporta en el tiempo los juicios que emitimos.

Cuando uno se encuentra en una en una situación de un estado de ánimo bajo solemos pasar por varias etapas:
  • Nos sentimos mal, nuestra mente nos repite lo mal que nos sentimos continuamente. Se pone en modo: “Machacar”. Te repite una y otra vez que estás mal y empieza a percibir de modo negativo lo que te rodea y a todos los que te rodean.
  • Nos preguntamos “¿Por qué me han hecho esto?”,”¿Por qué me pasa esto?”. Juzgamos las situaciones y a las personas, muchas más veces y con atribuciones negativas contínuamente.
  • Normalmente vamos al médico de cabecera, el que nos receta algún antidepresivo o alguna benzodiacepina, porque si dormimos mejor, nos encontraremos mejor. Sin tener en cuenta las contraindicaciones de estos medicamentos, ni las posibles interacciones, ni la tolerancia de nuestro cuerpo.
  • Nos negamos de este modo la normalidad de ciertos estados bajos de ánimo, y nuestra capacidad para pasar por ellos y superarlos.
  • Lo normal es que salgamos de ella de manera natural. Desgraciadamente, atribuimos la salida de la depresión a los fármacos. Posiblemente hubiéramos salido de ella sin éstos.
  • Cada cierto tiempo volveremos a estar bajos de ánimo y volveremos a recurrir a los “fármacos”, hasta que nos enganchemos a éstos definitivamente.


Supera la Depresión

El modo de superar los estados depresivos leves es claro y sencillo:
  • Asume que es una parte del ciclo vital. A veces te encuentras mejor de ánimo, a veces peor. Esto es lo normal.
  • Sales de ese estado de forma natural, lo mismo que de forma natural has entrado.
  • Conéctate con tu interior. Desprográmate y no hagas caso de lo que a sociedad dice que tienes que ser o conseguir. Tú sabes lo que eres. Tú conoces el propósito de tu vida.
  • Tu interior se comunica contigo sin palabras. Siente la vida dentro de ti y a tu alrededor. No lo pienses (eso es lavado de cerebro), siéntelo.
  • No juzgues a nada ni a nadie. Todo es un proceso, un flujo contínuo.
  • Sigue haciendo lo que haces todos los días, ahora con más ganas. Lo que emites es lo que recibes, no al revés.